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Lucia di Lammermoor – Barcelona – Reseña

El Liceu tiene la costumbre de hacerse cargo de sus distribuciones y Lucía de Lammermoor presentado al final de la temporada no es una excepción a esta tradición de excelencia. Nadine Sierra ilumina el papel protagonista de cabo a rabo con su debut en la capital catalana. Su técnica suprema le permite frustrar las trampas, una tras otra, respirando hondo y con una precisión que nunca falla. Esta facilidad te permite todo el atrevimiento y añade más agudos a tu antojo. Finalmente, ofrece perfecto, trino, masa de voz que acompañan a un retrato notable y en evolución de Lucía en su camino de la cruz a la locura. Javier Camarena demuestra ser un compañero ejemplar para darte la respuesta, el volumen más allá. Estilo refinado iluminado con medios tonos, sombras, colores y acentos, el tenor mexicano convierte la habitación en una escena final impregnada de poesía y tristeza. Alfredo Daza completa el trío principal de una manera hermosa: basa la autoridad de Ashton en su tono jet y un volumen sustancial que carece de matices frente a los tesoros de sutileza que ofrecen nuestros dos héroes. El resto del reparto es perfecto: Arturo falot d ‘Emmanuel Faraldo, Raimondo sensible y la hermosa presencia de Mirco Palazzi y Alisa en la voz deChicle anna.

© Toni Bofill

El otro artífice de esta excelente noche belcantista está en el foso. Giacomo Sagripranti demuestra una vez más lo inteligente que es el director de ópera. El constante e incontenible apoyo escénico da la sensación de que cada frase musical está cosida a mano (hay una restricción, hay un matiz de piano) para permitir que los solistas ofrezcan todas las variaciones y matices que deseen. Además de esta atención inquebrantable, asegura un equilibrio constante en la mesa, en particular percusiones bien controladas que nunca inclinan las conclusiones orquestales al estilo de un bombero.

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La producción, inédita en Cataluña, llega desde Múnich, donde Diana Damrau había probado el papel. Entonces lo informamos. Al revisar este espectáculo trasladado al universo del cine negro, nos pareció que el tratamiento de la escena de la locura, vista como una toma de rehenes en el universo americano, da un sentido contemporáneo y relevante a la locura de Lúcia. En el folleto, ella es torturada por la presión familiar y social, en opinión de Barbara Wysocka este cambio llega hasta el acto de terror. Las consecuencias van más allá de la imagen de las personas y Lúcia parece un poco menos una víctima sacrificada que un testigo que vino a contar la condición de la mujer en la sociedad y que reclama su destino. bien.

Angélica Bracamonte

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