Economía

¿Cómo vender un avión presidencial?

El actual mandatario mexicano se rebeló durante su campaña contra el lujoso estilo de vida de la clase política mexicana y prometió en esta ocasión que si llegaba al poder vendería el avión presidencial. Esta venta -que habría rendido 117 millones de euros- habría permitido reponer las arcas del Estado por un lado y, por otro, mostrar que se cerraba el paréntesis de una clase política cara en un país pobre. Esto es lo que explica la especialista de México, investigadora del CNRS Hélène Combes:

La propuesta de vender el avión presidencial debe recontextualizarse en una de las posiciones emblemáticas de López Obrador en su campaña electoral, la de la austeridad republicana. Por ello, cuestiona una operación sumamente costosa del Estado mexicano y promete tener una gestión austera cuando llegue al poder, como lo hizo cuando fue alcalde de México en la década del 2000.

Y esta postura sí parece romper radicalmente con las prácticas habituales de la clase política mexicana: los sueldos de algunos altos funcionarios mexicanos llegan a veces a sumas equivalentes a 60 salarios mínimos y el exjefe de Estado Enrique Peña Nieto ha sido nombrado en varias ocasiones. por su estilo de vida considerado muy lujoso.

Una iniciativa política que se convierte en un fiasco

Nada más llegar al poder, López Obrador decidió entonces no usar el avión presidencial, pero pronto se encontró con un problema: el avión, guardado en un hangar en California, le costaba al estado tanto como si lo usara el presidente. Por tanto, sólo una solución para acabar con los gastos, vender el avión. Con este fin, decide lanzar una lotería nacional, permitiendo que cada ciudadano participe y potencialmente se convierta en el orgulloso propietario de un Boeing 787.

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Pero la situación económica es contraria, el tema de los billetes de lotería coincide con el inicio del encierro en México y gran parte de la población mexicana sufre una caída significativa en sus ingresos. Es por eso que el presidente finalmente decidirá hacer desaparecer el avión, reemplazando el premio único por 100 premios de 20 millones de pesos (1 millón de dólares) cada uno, distribuidos al final del sorteo.

Esta vez, se emiten boletos pero no se venden, Andrés Manuel López Obrador decide entonces recurrir a emprendedores consolidados, desviándose así del principio inicial del proyecto:

Invita a cenar a 100 empresarios para pedirles que apoyen esta lotería presidencial. De hecho, los empresarios más ricos de México compran la mitad de los boletos de lotería. Es bastante singular porque es un presidente de izquierda, los círculos empresariales no estaban en absoluto a favor de su llegada al poder. Entonces, aquí hay un efecto extremadamente sorprendente de esa iniciativa.

También alienta a los hospitales a comprar boletos para compensar los sistemas de salud inadecuados. Algunos incluso denuncian una forma de presión ejercida sobre las autoridades para comprar boletos y apoyar la iniciativa presidencial. A pesar de todos estos esfuerzos, no se venderá el 30% de los boletos de lotería nacional.

Los resultados finalmente cayeron, el 15 de septiembre, Día Nacional, y vemos que la meta de redistribución en el origen del proyecto presidencial no parece haberse cumplido del todo: de los 100 lotes, solo 16 fueron distribuidos a ciudadanos mexicanos comunes.

Prudencia Febo

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